Las obras de arte, el Gobierno de Aragón y el estatuto

Miércoles 7 de junio de 2006.
 

Publicado el Diario del Altoaragón, el 9, enero, 2006.

LAS OBRAS DE ARTE, EL GOBIERNO DE ARAGON, Y EL ESTAUTO

Inauditas, y, por supuesto, desconcertantes, son las confusas noticias de los contactos entre las administraciones autonómicas en relación con las obras de Arte de la Diócesis de Barbastro Monzón, retenidas en Lérida. La socorrida pregunta, en qué país vivimos, cada día deja de ser menos recurrente para constituirse en una preocupante llamada de atención, por la desorientación reinante que está llevando a la permisividad, de la que sacan tajada los más vivos, que, a su vez, son políticamente consentidos. El desparpajo del llamado Consorcio del Museo, Gobierno de la Generalidad, y del Obispo Ciuraneta, se mezcla con la insolencia, y, lo que es peor, parece que a ésta, se le hacen gracias. ¿A qué viene ahora esta forma de irrumpir en el ruedo por parte del Gobierno de Aragón?. Parece ser que ahora los catalanes dan a entender, que vale, que, de acuerdo, que los bienes, tal como dice el Vaticano, son de de la Diócesis de Barbastro Monzon, pero que seguirán guardándolos ellos, y que, de vez en cuando, dejarán que, por aquí, se vean algunas piezas. Esto era así hasta ahora. A su vez, parece ser que la administración aragonesa, por su parte, ha llegado a un acuerdo con la catalana. Ahora precisamente que hay una sentencia judicial clara que sanciona el inequívoco y persistente dictamen de pertenencia de las obras de arte a la Diócesis de Barbastro-Monzón. Un ordenamiento jurídico, como el español, hasta el día de hoy, no se sabe que sucederá después del nuevo Estatuto, permite suponer que un juez, esgrimiría como fundamental punto de apoyo, la constatación de probada propiedad, frente a la unidad de la colección, argumento principal de los catalanes. No es que lo que tiene que hacer el Gobierno de Aragón es llevar el tema a los tribunales civiles, lo que tiene que hacer es requerir del Gobierno de España, que actúe, y que lejos de seguir consistiendo en un Estatuto, a costa de todos los españoles, ponga orden en esa parte de España que es Cataluña. Es una barbaridad decir que, o se recurre al ejercito o se aceptan las exigencias catalanas. El bloque de piezas artísticas debió haber vuelto desde hace diez años, y cualquier otra solución es consentir hasta el hastío y hacer juego a colectivos inadaptados en la estructura social, histórica y política española. El momento es decisivo y no puede permitirse más oportunidades dilatorias, pues tal como amenaza el Estatuto Catalán que se esta amañando, después, con toda probabilidad va a ser peor. ¿Es esto lo que sabe la Administración Aragonesa? La cuestión no es solo la ubicación de unas obras de destacado valor artístico que se están reteniendo abusivamente por los vecinos catalanes, es el trato discriminatorio a la hora de hacer cumplir con la legalidad. Tal como se están desarrollado las cosas estamos a un paso de que se vuelva a repetir, guardando las distancias en cuanto a la materia y ámbito, el bochornoso final de lo que fue el asunto de la Banca Catalana. No solo constituyó un fraude al resto de España, sino que el desenlace fue una afrenta por parte del Gobierno a los españoles, pues no solo condonó el fraude sino que, por conveniencias políticas, toleró que quedara impune la calificación de ser Cataluña víctima de la ignominia, que los jerifaltes autonómicos vocearon. No va a pasar tiempo en que seremos culpabilizados de haber querido mermar una parte de la identidad catalana, sin, quizá, haber entregado lo que claramente no son bienes de la Diócesis de Lérida. Resulta insultante, y exponente de la situación de este país, que cuando se pretende presentar como abusivo que España se inmiscuya en asuntos que se consideran de Cataluña, propugnando que en consonancia con ello se redacte el Estatuto, los que monopolizan el sentir de los catalanes pretendan cogestionar lo que está más que desmostado que no les pertenece. En este momento, el Gobierno de Aragón, si es lo que parece, está al borde de cierto grado de connivencia.

Antonio NAVAL MAS catedrático de arte y especialista en arte religioso aragonés


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