El Sitio de Antonio Naval Mas

El arte disperso del Alto Aragón

Sábado 1ro de julio de 2006 por Antonio Naval

Publicado en la revista La Magia de Huesca, num3 ,otoño 2001, pp. 38-41.

EL ARTE DISPERSO DEL ALTO ARAGÓN

Antonio NAVAL MAS

Lo sucedido hasta ahora en la cuestión de los bienes artísticos de “la franja”, es, simplemente, que ha quedado manifestada la postura de la Santa Sede, quien ha corroborado el dictamen de la Nunciatura española. Esta, a su vez, no hizo otra cosa que aplicar literalmente el ordenamiento interno de la iglesia católica, relativo a la propiedad de cada parroquia.

Pero ni el fondo de la cuestión, relativa a los bienes dispersos, se reduce a la aplicación de la legislación canónica, ni los bienes motivo de reflexión pueden ser únicamente los que están en Lérida. Los bienes artísticos emigrados del Alto Aragón son bastantes más y de no menos calidad que los que están en Lérida, pues no solo en esta ciudad hay obras de arte procedentes del Alto Aragón. Con respecto a los de Lérida va a llegar el momento de darles la ubicación y tratamiento adecuados

El error actual sería que tras el dictamen de la Santa Sede se zanjara el asunto como quien está ante el reparto de despojos después de una batalla ganada. Todo el tema del arte disperso es más complejo y amplio como para reducirlo al custodiado en Lérida, que, en el fondo, si se puede recuperar es porque está custodiado allí. El trasfondo de las obras de arte emigradas está motivado por posturas y actuaciones de ignorancia y desidia de otros tiempos, cuyos errores intentamos ahora enmendar en una parte, pero que, en otra, va a quedar como estaba.

En consecuencia, a partir de lo sucedido con los bienes de la franja, hay una obligatoriedad para la reflexión que reencauce la cuestión de la conservación del Patrimonio Artístico en el futuro. Nadie habla de plantear la recuperación de lo que fue objeto de tráfico, todas aquellas piezas que se vendieron que son las grandes obras que están dispersas por ciudades españolas y de otros países, principalmente Estados Unidos de América. La imposibilidad fáctica de recuperarlo, percibida por cualquiera, está encauzando nuestra atención y desviando nuestras responsabilidades hacia el frente abierto en Lérida, porque, en el trasfondo hay una inconsciente necesidad de empequeñecer la magnitud del problema. Esto, sin duda porque lo cierto es que la realidad es dolorosa: es prácticamente imposible recuperar la mayor parte, y el mejor arte disperso, que está en museos y colecciones particulares de Barcelona, Madrid, Londres, Nueva York y otras ciduades americanas, donde hay piezas de relevante valor y significado.

Los retablos de ALBALATE DE CINCA (siglo XV), las tablas de ANIES (siglo XVI), la talla de la Virgen de AREN (siglo XV), la tablas de ARGAVIESO (siglo XV), el retablo de ARGUIS (siglo XV) y el de BAGÜESTE (siglo XVI), la techumbre de BARBASTRO (siglo XV), el frontal de BETESA (siglo XIII), los frescos de BIERGE (siglos XIII- XIV), los retablos de CAPELLA (siglo XV), el de CASBAS (siglo XIV), el de CHIA (siglo XIII), la portada de ESQUEDAS (castillo de Anzano), (siglo XIII), los frontales de ESTET (siglo XIII), los retablos de ESTOPIÑAN (siglos XIV y XV) , los calvarios de FANLO (siglo XIV y XV), el frontal de GESERA (siglo XIV), y el de GÜELL(siglo XIV), todas las piezas desaparecidas en HUESCA, los evangeliarios y la Chimenea de JACA (siglos XI y XV), Las tablas de LIESA (siglo XV), MARCEN (XV), y MONTAÑANA (siglos XVI y XIII), el retablo de NUENO (XV) y de RIGLOS (XVI), los ornamentos de RODA de ISABENA, particularmente los llamados de San Ramón (siglo XIII), la escultura de la Virgen de SANTALIESTRA (siglo XIII), el retablo de Santo Domingo y el Mayor de TAMARITE DE LITERA (siglos XIV y XVI), son piezas en conjunto sobresalientes y algunas, en particular, excepcionales. A estas hay que añadir todo el numeroso y destacado patrimonio de SIGENA. Todo este bloque emigró como consecuencia de transacciones comerciales, que con el paso del tiempo y la revalorización de las obras de arte, han alcanzado valoraciones económicas de tal magnitud, que en muchos ocasiones haría difícil su adquisición, incluso por museos que estarían interesados en ellas, en el caso de que salieran a subasta. A esto hay que añadir otras piezas que fueron a parar a los fondos de museos porque en su día no fueron reclamadas por pueblos y parroquias, como son los retablos de BROTO (siglo XV), LANAJA (siglo XV), POMPIEN (siglo XIV) y OTO (siglo XV), recuperados tras la guerra civil.

Son obras procedentes no solo de la franja sino de todo el Alto Aragón Estas piezas que reunidas en un museo lo constituirían de relevante categoría, desaparecieron porque fueron vendidas, en ocasiones buscando un vendedor, casi siempre con el sentimiento de haber sabido sacar partido de la oportunidad, y no pocas veces, con la sensación de alivio por haber podido desprenderse de algo que ya no servía para nada. Cierto que no se redujo a estas tierras esta desaprensión por las obras de arte, y cierto también que, a diferencia de otras regiones españolas, el Alto Aragón fue más castigado por la proximidad de los marchantes y coleccionistas catalanes, con laudable visión de futuro y peculiar sentido del comercio.

Con esto no pretendo minimizar el hecho del retorno, sino llamar la atención porque la cuestión no se zanja con esta recuperación parcial. En cualquier caso tampoco se trata de minimizar los resultados: van a poder volver a la tierra de origen piezas tan destacadas como la tabla de ALGAYON (siglo XV), el cuenco de BENAVENTE DE ARAGÓN (siglo XIV), el excepcional frontal de BUIRA (siglo XIII) y su arqueta (siglo XIV), las tablas de CHALAMERA (siglo XVI), la cruz de ISCLÉS, (siglo XVII), la tablas de LASCUARRE (siglo XV), y MERLÍ (siglo XV), las de MONZON con su significativo retablo (siglo XV), el sarcófago de NACHÁ (siglo XIV), la talla de la Virgen de PIÑANA (siglo XIV), las tablas de PUEYO DE SANTA CRUZ (siglo XVI), la predela de SANTALIESTRA (siglo XV), el valioso frontal de TRESERRA (siglo XIII), las tablas de VALCARCA y VILLACARLÍ (siglo XVI), y la talla de San Miguel (siglo XIV) de esa localidad. El museo que posea estas piezas va a incrementar considerablemente su categoría.

Con respecto a este conjunto han sido las circunstancias históricas las que han favorecido esta relevante recuperación. En definitiva, van a ser devueltas como una de las consecuencias de los avatares políticos de la España contemporánea, la reestructuración administrativa del país. La rigidez que se ha querido dar a la nueva demarcación autonómica, particularmente por parte de Cataluña, ha traído consigo una lógica y consecuente reordenación administrativa de la diócesis de Lérida y de la de Barbastro, reordenación que trae consigo el retorno de las obras.

Esta feliz recuperación, es a su ve un compromiso. Los actitudes de aquellos tiempos que han facilitado esta recuperación nos piden una actitud comprometida para enmendar los momentos de debilidad de la historia que hicieron posible la dispersión de riqueza. En el fondo, ha habido un problema de ignorancia y desidia frente a responsabilidad. Cierto que entonces pudieron estar en vigor otros criterios, pero también es cierto que eran consecuencia de una pérdida de valoraciones, pues criterios de estimación del arte hubo cuando se crearon las extraordinarias obras que están en cuestión. El espejismo estará en el trasfondo, y la recuperación de los bienes de la franja no pasará de ser una anécdota, si la cuestión se plantea como una guerra ente perversos y víctimas indefensas. Y, ciertamente, el riesgo de este comportamiento está en el fondo estimulado por el regionalismo que separa colectivos, favorecido en este caso por los sentimientos de confrontación que la vecina región es proclive a suscitar.

Con respecto al resto del arte disperso, ciertamente es poco lo que por el momento se puede hacer para recuperar esas obras de excepcional valor artístico y significado que emigraron mediante compraventa, pero el estado de la cuestión obliga, entre otros exigencias, a revisar y revitalizar las actitudes de protección del Patrimonio, todavía existente a nuestro cuidado. Son muchos los aspectos o variaciones de la creación artística, histórica, arqueológica o etnológica pendientes de protección, y, por supuesto, todo lo relacionado con los centros históricos, los excepcionales conjuntos rurales y toda la arquitectura popular, así como las construcciones del pasado con interés histórico.

En relación con los bienes de la franja, no está a punto de cerrarse el capitulo, pues todavía se pueden correr otros riesgos, cometer errores que deben afrontarse desde la ambivalencia de significados que tal recuperación supone, es decir, no olvidando lo que en otros tiempos hubo de desinterés y lo que en todo momento exige de responsabilidad. Esta responsabilidad que exige el retorno de estos bienes debe prescindir de reivindicaciones poco fundadas, y poco fundadas suelen ser las que vienen motivadas por protagonismos de partido. Tampoco son sostenibles los pretendidos derechos de propiedad propugnados por algunos ayuntamientos cuando, de hecho, simultáneamente se está marcando una diferenciación entre parroquias y pueblos. En esta línea y por las exigencias que se derivan de la conservación de patrimonio, precisamente después de acontecimientos como los que proceden de los avatares de Lérida, en adelante hay que organizar la custodia de estos materiales y su adecuada puesta a punto para el disfrute de todos. Es la Administración de la Diócesis de Barbastro quien debe responsablemente asumir su papel y decidir el emplazamiento y forma de custodia de estos bienes.


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