El Sitio de Antonio Naval Mas

La iglesia medieval de San Lorenzo de Huesca

Lunes 25 de octubre de 2010 por Antonio Naval

Fue publicado en el Diario del Alto Aragón(10, agosto,2007), extraordinario del día de San Lorenzo
con el título
"400 años de la demolición de la iglesia de San Lorenzo"

LA IGLESIA MEDIEVAL DE SAN LORENZO

En 2007 se conmemoró el cuarto centenario de la construcción del templo de San Lorenzo en Huesca. El 30 de septiembre del año 1607 los oscenses se metieron en una empresa bastante alocada, mezcla de mucho convencimiento religioso, y un tanto de irresponsabilidad. Si hay que creer a Aynsa, todo cuanto tenían era 16 sueldos, seis dineros, (es decir, no más que para pagar a un obrero un par de días), pero decidieron echar abajo la iglesia de su Santo, porque querían algo más acomodado. Nada hace pensar que el templo anterior al actual fuera inconveniente o estuviera en mal estado. Por el contrario, por los vestigios conservados se debe deducir que era un templo notable. La nueva empresa no fue fácil. El 12 de febrero de 1612 se dio por terminada la demolición de la construcción medieval. Por entonces, estaba decidido que no se iba a demoler la fachada.
Los años finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, fue una época en que, también por estas tierras, se construyeron muchas iglesias. En la propia ciudad de Huesca se iban a construir otras, sobre todo relacionadas con los conventos.
El edificio demolido de San Lorenzo era coetáneo de la iglesia de San Miguel en Huesca y de la de San Miguel de Foces, en Ibieca, y, por supuesto, del de la Catedral, que fue levantada con un edificio adecuado al papel al que estaba destinado. Sobre el aspecto de la iglesia del Santo solo podemos hacer algunas conjeturas a partir de datos que son de fiar. Estos probablemente hubieran sido más si se hubiera aprovechado la oportunidad que supuso cambiar el pavimento de la iglesia en la década de los setenta Entonces se debió recoger información sobre el edificio medieval y, quizá, sobre los precedentes, si la tradición es cierta.

Templos dedicados a San Lorenzo en Huesca

Aynsa recogió la tradición, según la cual ya hubo una pequeña iglesia antes de la reconquista, que se remontaba a poco después de la muerte del Santo. Por eso el obispo Martín de Cleriguech, que además de ser de Huesca, antes de ser obispo era feligrés de la parroquia de San Lorenzo, tuvo interés en recabar información arqueológica acerca de la tradición persistente en la ciudad, relacionada con la existencia de esta iglesia en remotas épocas. Este obispo organizó a su iniciativa la búsqueda de información debajo del pavimento del templo que él vio, el que fue demolido pocos años después de su muerte. Los datos han sido varias veces publicados pues proceden del “libro de visitas” y del “lumen” o “Lucero” de San Lorenzo.
Jose Paulino Lastanosa, prior de San Lorenzo dejó escrito en este libro:
“... y este fue el templo cuyos vestigios y fundamentos se hallaron en el tiempo de Don Martín Cleriguech, obispo de la ciudad el cual visitando esta iglesia en el año 1585, como hijo de esta parroquia, hizo mirar con cuidado por la tradición antigua que había de haber nacido (San Lorenzo) en la capilla de la Virgen, y hallaron señales hacia esta parte como de una pequeña capilla”. No es más que una pista, pero sugerente como para tenerla en cuenta.
Otra nota del “libro de visitas pastorales” recoge que el obispo Martín de Cleriguech ordenó en la visita que hizo el 17 de julio de 1593 que
“...dentro el tiempo de un año avaxen los cimientos hasta tanto que quede por todas partes desenterrada dicha iglesia cual conviene..”
Una iglesia dedicada a San Lorenzo había en Huesca, a mediados del siglo XIII. Sería la que según tradición que también recogió Aynsa, se construyó al año siguiente de la conquista de la ciudad. Fue el momento en que también se construyó la iglesia que se conserva en el Seminario. D. Damian Iguacen, igualmente vinculado a esta iglesia como uno de sus párrocos, lo que le dio oportunidad de rastrear en los libros antiguos de la parroquia, afirma que a finales del XIII se comenzó a edificar un templo por mandato de Jaime II, en el cual se estaba trabajando en 1300, según tradición también recogida en el “Lumen”. Es el edificio cuya estructura pretendemos reconstruir y del que quedan vestigios que constructivamente coinciden con lo que por entonces se hacia.
Según Aynsa, “conservose este templo muchos años, hasta que algunos devotos del santo, visto el grande concurso en los días de su festividad, y de su hermano San Orencio, y su poca capacidad, aunque era arto grande, movidos con zelo religioso trataron con la parroquia de hacerle otro mas ilustre y magnifico, confiados en las limosnas que para ello se esperaban”.
Otro obispo de Huesca, Berenguer de Bardaxí, pidió información sobre esta iglesia dejando escrito en la vista de 1610 algo que es de gran utilidad para nuestro intento de saber cómo podía ser esa iglesia, al carecer de otras noticias al respecto. De un fragmento de esta visita, ya muchas veces reproducido, deducimos que era como si el obispo, cuando llegó a la ciudad, no estuviera muy de acuerdo con la demolición que se estaba realizando, e intentara saber cómo había sido el resto del edificio que ya había desaparecido. Quizá era una manera de deducir si debió haberse salvado el edificio, entonces en demolición. Esta se comenzó, en sede vacante, es decir aprovechando que el anterior obispo estaba muerto y todavía no se había nombrado otro:
“ Primero hallamos derribada la mayor parte de la dicha iglesia, [por lo tanto no toda] que era toda de cantería, con su bóveda de lo mismo, [Detalle importante, pues nos permite saber que no era techo de madera como la de San Miguel], y de la parte de aquella que está en pie, toda ella tiene muy grande peligro de caerse, [Habían pasado casi tres años desde el comienzo del derribo]; y fue hecha relación que la dicha iglesia había sido derrocada con orden de los obreros y parroquianos de la dicha iglesia y parroquia, con licencia que para ello les fue dada en la sede vacante ultima de nuestro obispado [El 31 de julio de 1607 murió el obispo Diego de Monrreal, el 30 de septiembre comenzó la demolición, y, el 13 de abril del año siguiente, tomó posesión el nuevo obispo] la cual iglesia nos ha sido hecha relación por los vicarios, beneficiados y otros clérigos de aquella, y por los obreros y otros diversos parroquianos de la dicha iglesia y parroquia, que antes que fuese derribada, contenía en sí los altares siguientes”
El texto, al enumerarlos, habla del lado y orden en que estaban, y, de pasada, da una información, aparentemente intrascendente, pero de gran interés para saber cómo era la iglesia: nos dice en qué punto de la relación o inventario sobrepasaron el púlpito. Este dato resulta de gran utilidad, unido a la información que da el plano y lo conservado en los pies de la actual iglesia. El relato distingue entre capillas y retablos, aunque es difícil sacar conclusiones seguras.

El edificio demolido iglesia de San Lorenzo desde calle Lirio

El actual edificio no conservó con fidelidad la orientación que tenía el anterior, a juzgar por lo conservado a la entrada del que vemos. El edificio del siglo XIV, debió estar ligeramente desviado hacia el sur, con respecto al actual. Por la información urbana de que disponemos, no podía ser tan largo como éste porque, por detrás había una calleja. Por allí vivía un oscense llamado Ambrosio Ascaso, a quien le compraron un corral, para poder levantar el nuevo edificio. También vivía, en casa situada hacia la parte trasera, el conocido impresor de Huesca Juan Peréz de Valdivieso, quien la tuvo que vender por las mismas razones. Esta casa debía ser destacada pues le pagaron bastante, 715 libras. Recuérdese los fondos de que disponían al derribar la iglesia (Una libra equivalía a 20 sueldos). Igualmente tenía una propiedad el Señor de Buñales, pero no cobró por el pedazo que cedió. Y un tal Zamora, que tenía la casa en punto colindante con la actual plaza de los Urreas, que era un cementerio de la iglesia, a través del cual llegaba a su casa. Es decir detrás de la actual iglesia había una calleja que desapareció con la construcción del templo actual. Era la calleja que unía la estrecha travesía de Urrea, conservada, y la calleja de la Duda, también conservada, que desde entonces quedó en callejón sin salida, que es como hoy lo vemos.
Por el sur o mediodía de la iglesia había dos pequeños cementerios que desaparecieron con la construcción de la actual iglesia. Más grande era el que había en la plazuela actual de los Urreas, que generó esta plaza y que, mientras fue cementerio, supuso un constante problema a todos los obispos entre 1593 hasta 1778. Una y otra vez insistieron en que debía cerrarse pero no lo consiguieron. Era lugar usado, sobre todo por la noche, como paso, incluso de caballerías, y, con cierta frecuencia, para hacer las necesidades de cualquiera. Esto se entiende mejor si se tiene presente que en la vecina plaza estaba el mercado.
La anterior iglesia, en consecuencia, era menos larga. Por la situación del púlpito deducimos que era con brazos de crucero de cierta anchura, pues en cada uno de ellos había tres retablos. El púlpito estaba en el lado del evangelio, izquierda entrando, esquina del brazo con la nave. Esta no sería de más de dos tramos, desde ese punto hasta la entrada.
En cabecera, a los lados del altar mayor, había dos retablos. Con toda seguridad, el de San Marcos, estaba en una pequeña capilla situada a la derecha, o lado de la epístola. Probablemente también estaba en una capilla el de la Virgen de la Esperanza, situado en el lado opuesto. Por lo tanto, en los ángulos formados por cabecera y brazos habría sendas capillas.
La entrada a la capilla de San Marcos era desde el presbiterio. Por esta ubicación su acceso era dificultado cada vez que se abrían las puertas de protección del gran retablo mayor, que no es el actual, (Restos de aquel retablo son las dos tablas conservadas en la oficina del BBVA de Huesca). Eran las grandes puertas de bastidores y tela que probablemente pintó Pedro del Ponte, razón por la que se pensó que todo el retablo había sido hecho por este pintor. Por el inconveniente que ocasionaba la puerta de protección de este retablo cuando estaba abierta, los obispos mandaron que se abriera un nuevo acceso por la capilla de San Hipólito, situada en el contiguo brazo del crucero. Para ello se debía trasladar el retablo de este otro santo “al muro del medio”. Es decir, estaría en el muro de cabecera del brazo del crucero, y se dice que se traslade al muro que hacia ángulo con este, el de mediodía. En realidad allí ya estaba el retablo de San Juan y San Pablo, que podía ser pequeño, pues era de “pincel antiguo” [Serían tablas góticas]. Es probable que el retablo de San Hipólito en cuestión, es el que se conserva en la actual iglesia, a la izquierda entrando.
En el tramo de los pies de la iglesia demolida, a la izquierda entrando, estaba el retablo de la Virgen de Loreto. En realidad se le sitúa en capilla que tenía su propia sacristía, y, en frente, había un retablo con un Santo Cristo, del que también se dice que era capilla. La talla de este retablo puede ser la del todavía conservado para el culto en la actual iglesia. A la izquierda de esta capilla estaba la pila bautismal. Luego, en el tramo siguiente mirando al presbiterio estaba el retablo de San Miguel, cuyo lado izquierdo, mirando al retablo, coincidiría con la esquina formada por el brazo del crucero.
Además de las capillas mencionadas se habla de capilla para el retablo de San Orencio y Santa Paciencia, situado en el brazo izquierdo, entrando en la iglesia. No es fácil sacar conclusiones definitivas, pero hay que recordar que a lo largo del siglo XVI muchas iglesias españolas fueron ampliadas mediante capillas que fueron levantadas en construcción añadida o yuxtapuestas a la iglesia existente. De hecho, antes de pensar en demoler la iglesia medieval, cuando en marzo de 1607 habían decidido ampliarla de distintas formas, proyectaron añadir sendas capillas colaterales en los brazos.
La anterior iglesia, por lo dicho, era de una nave formada por capilla mayor, crucero, y dos tramos más. Debió ser de cabecera poligonal, tal como entonces se hacían. Su altura aproximada era hasta la cornisa de la actual iglesia. La portezuela que queda actualmente sobre el altar de San Hipólito es la que conectaba la escalera de caracol con las bóvedas. Por eso hoy se abre sin sentido al vacío. La altura, por lo tanto, de la anterior iglesia sería un poco más baja que la actual.
Tuvo coro alto, pues a él se refiere el obispo Cleriguesh en una de sus visitas.

La torre y fachada

Una de las peculiaridades de esta iglesia era que sobre la fachada había un cuerpo prominente pensado para levantar sobre él la torre. Es el cuerpo de la actual iglesia que en la parte baja cobija el pórtico de acceso al templo actual, que ya funcionó como pórtico o vestíbulo en el anterior. Sobre él se había proyectado levantar la torre que había sido construida en parte, pero que, sin duda, no se terminó nunca. El acceso a esta torre se ideó mediante un cuerpo añadido a la izquierda donde se encajó la escalera con estructura de caracol. Conservada en su sitio, el cuerpo o volumen todavía es visible desde el Coso. No era una solución excepcional, pues era la forma corriente de llegar a una altura, en este caso la torre, salvando los tramos o espacios que había debajo de ella, en este caso, el pórtico. El acceso actual a esta escalera de caracol, no es el original pues es una chapuza posterior. La puerta pequeña de acceso pudo ser la que todavía se conserva, aunque cegada, en la escalera de caracol de subida a la actual torre. Para hacerse una idea del posible aspecto exterior del edificio puede ayudar el tener presente la fachada de la actual iglesia de Binéfar, teniendo en cuenta que ésta tiene recrecida la torre y que la logia situada sobre la entrada es un añadido posterior.
El exterior del volumen con escalera de caracol de San Lorenzo, parte baja, que hoy queda en el interior del garaje de la izquierda entrando al templo, ofrece una interesante información que nos permite deducir la prestancia que tenía la iglesia anterior de San Lorenzo. Sus paramentos, o muros, están ornamentados con una arquería ciega de tres arcos apuntados, que encajan otros dos pareados separados por parteluz, o columnilla central. Todo en estilo gótico. En cada uno de los arquillos resultantes había una repisa para escultura. Esta solución ornamental parece que continuaba por todo el frontal del cuerpo bajo correspondiente al pórtico y torre, es decir la fachada. Decoración escultórica se pensó también para el interior del pórtico, con seis esculturas a cada lado. Probablemente no se hicieron nunca, pues hasta ahora no ha aparecido ningún vestigio de ellas. De haber existido todas estas esculturas, hubiera constituido un conjunto escultórico único, que hubiera complementado el que es relevante de la Catedral, único, a su vez, en Aragón. El conjunto de San Lorenzo hubiera superado en mucho el número de esculturas de la Catedral, al haber sido no menos de veinticuatro.
Al volumen que encaja la escalera de caracol, no correspondía otro semejante en el lado opuesto. Allí había una capilla con frente poligonal de tres paños en su muro de poniente, el correspondiente a la calle. Se conserva uno de estos paños, y un arcosolio en otro contiguo, que permite deducir que en muro frontero a él habría otro. Los restos de esta capilla están detrás de la actual capilla de la Virgen de Lourdes, entre esta capilla y la fachada actual. Podría haber sido la capilla del Santo Cristo más arriba mencionada. En fachada, por lo tanto, no eran simétricos los dos laterales del pórtico o entrada. Al respecto hay que recordar que tampoco lo son en la fachada de la Catedral.
Posiblemente habría arcosolios para enterramientos distinguidos en los muros exteriores que configurarían unos laterales parecidos a los de la Catedral, por el lateral de la calle Palacio, y a la cabecera de San Miguel, o Miguelas.
La iglesia antigua de San Lorenzo era toda de piedra bien escuadrada, o sillería, pues así se dice expresamente. Con este material se construyó la bóveda. Esta era de crucería, pues también se dice. No tenía cimborrio, por eso se había pensado en construir uno cuando se planificó la reforma en marzo de 1607. En cuando a otras deducciones debemos pensar que sus muros estarían abiertos por grandes ventanales de arco apuntado. Es lógico deducir esto después de observar los que hay ciegos en el pórtico conservado, y en la parte baja del acceso a la actual torre. Todos son de semejante diseño. Esa es la solución de los tres edificios góticos mencionados, coetáneos al templo demolido.
Con toda seguridad no se terminó la torre que iba a levantarse sobre este pórtico. Debió quedar interrumpida a la altura de la actual ventana con cristalera, la que está debajo del balcón de la actual torre. Esta torre era cuadrada en el cuerpo bajo y, a partir de allí, tenía que haber sido octogonal. Se habría pensado por lo tanto en una torre de apariencia semejante a la de la catedral. A pesar de todo hubo un campanario que debía ser muy elemental. Probablemente era el que vio Aynsa. Entonces continuaría prestando el servicio de campanario del nuevo templo. De él dejó escrito, “...aunque no tiene esta iglesia la suntuosidad de campanario de que la Catedral, y de San Pedro: empero tiene quatro campanas las dos grandes, y de ellas la una es de excelente voz...” Se refiere a la nueva iglesia, pero probablemente esta describiendo parte de la antigua, aunque no lo dice, pues, como queda dicho y es evidente, no se demolió la parte del pórtico, que es el que todavía se conserva.
Consecuentemente, la apariencia frontal de la iglesia medieval de San Lorenzo debía ser un tanto deslavazada y ofrecer el aspecto de obra inconclusa, y asimétrica.

La nueva iglesia

En la nueva iglesia del siglo XVII, se mantuvo la misma solución de torre central en fachada sobre el acceso principal. Entre otras razones porque lo construido era de buena obra de cantería, y, por lo tanto, economizaba esfuerzos y gastos, que al llegar a ese punto de la construcción eran muchos para tiempos que estaban siendo cada año más difíciles. Es obvio, de acuerdo con los criterios de la época, que quisieran ocultar la obra antigua tras una fachada que solo últimamente ha cubierto los espacios que tras ella se quedaron delimitados, por lo que, durante siglos, no ha sido más que una pantalla de apariencia, muy al estilo barroco.
El resultado final de la nueva iglesia es un tanto híbrido. Con una solución un poco desfasada, la nueva iglesia fue levantada de tres naves de igual altura, tal como se había hecho en el siglo XVI, por ejemplo en la colegiata de Bolea. Correspondía cubrirla con bóvedas estrelladas pero, en cuanto pudieron, lo hicieron de acuerdo con las cubiertas que entonces se estaban haciendo, lo que hace de este edificio un edificio singular por extraño. Se sabe que en los ventanales pusieron alabastro, aunque Aynsa habla de vidrieras. Fue el error de la reciente restauración, cuyas cristaleras eran del siglo XX, a excepción de una, la mejor, fechada en el siglo XIX, cuyo paradero no queda claro, después de esta restauración.
Inicialmente, tampoco pudieron dotarla de torre, que, por lo dicho, debió permanecer con el aspecto de la anterior iglesia hasta el siglo XVIII. Entonces fue cuando, manteniendo el emplazamiento y sirviéndose de la base preexistente se ideó una torre de setenta y dos metros de altura, pero de la que solo pudieron levantar treinta y nueve. Esta es la torre y altura que últimamente se ha incrementado hasta los cincuenta y cuatro, siguiendo la traza de un dibujo conservado. En esta ocasión se renunció a levantar otros dieciocho metros más que debía tener, según el proyecto o traza afortunadamente conservada.
Hasta nuestra generación no había sido posible ver completa la iglesia de San Lorenzo, quizá extraña formalmente para los de fuera, pero monumental para la ciudad. Con la última restauración se estuvo a punto de que en la fachada aparecieran las esculturas de San Vicente, y San Orencio, obispo, que son las que faltan para que en ella estén todos los santos de la familia. Para ellas estaban dispuestas unas repisas que fueron preparadas en la última actuación. Los artistas a veces se sobrevaloran aún a riesgo de renunciar a una oportunidad tan destacada como se les ofrecía en ésta ocasión. Para la intervención de hace unos años, no pocos creyentes, y las instituciones tanto políticas como sociales y religiosas, hicieron un esfuerzo no menor que el de los creyentes que la empezaron a construir, fueran clérigos o no, hace cuatro siglos. Por supuesto tuvo en todo momento el apoyo del Obispo Don Javier, presentado a la diócesis en esta iglesia, al ser en ella consagrado. En ella, sin saberlo, tuvo su última aparición precisamente inaugurando la apertura del renovado espacio interior.

El entorno histórico

Hay que recordar que en la embocadura de la calle Correría, coincidiendo con el cruce del Coso, estaba el mercado de hortalizas, desde el siglo XIII, y con posterioridad al XVII. Era espacio diferenciado de la plazuela propiamente dicha de San Lorenzo, pues había casas en lo que hoy es paso de peatones. Esta plazuela era ya “las herrerías” o “barrio de caldereros”, que cuando existía la iglesia desaparecida llevaba de mal traer al clero de San Lorenzo, quien obtuvo del rey que los herreros y caldereros no pudieran martillar cuando rezaban en la iglesia.

El dibujo adjuntado es una reconstrucción hipotética desde aproximadamente la esquina de la Correría. Pretende precisar la propuesta que para la iglesia medieval hice en 1980. La pantalla de casas levantadas delante de la iglesia recompone la plaza del mercado, y la iglesia pretende responder al aspecto que presentaría de acuerdo con la reconstrucción descrita más arriba.


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