El Sitio de Antonio Naval Mas

Claustra de la Catedral de Huesca

Lunes 11 de febrero de 2019 por Antonio Naval

Es una publicación de 138 páginas y 300 imágenes complementaria de "Palacio Viejo de los Obispos de Huesca". Ambas revisan y estudian el Entorno de la Catedral de Huesca. La que se presenta se centra en los claustros o "Claustra" donde estaba Canónica, La Limosna y la Prepositura. Se completa con "El Museo" como parte ya realizada de la puesta en valor de un sector del Entorno
Se acompaña de una axonométrica en encarte de 40 x 60 cm

VER también
https://www.antonionavalmas.net/spip.php?article91
https://www.diariodelaltoaragon.es/Movil/Noticia.aspx?Id=1152987

El Entorno de la Catedral de Huesca es singular, por ser único en Aragón y de los pocos de España. En esta ocasión ha sido el abandono y menosprecio lo que le ha dado pervivencia. Pero el abandono coadyuvado de la desidia es un oxidante desintegrador, que conlleva fecha de caducidad.

La riqueza de huellas que aporta el conjunto del Entorno ofrece un muestrario completo de todas las épocas, romana, musulmana y, lo que es más insólito por la escasez de residuos de aquellos otros tiempos, también del periodo visigodo. El conocido arco de herradura es de esta época y, por lo tanto, consolida hipótesis y abre nuevos horizontes históricos muy sugerentes, además de aportar variedad de resquicios antiguos.

Singular era el espacio, la estancia conocida como Sala de la Limosna. Resulta de vergüenza ajena haber visto su deterioro por abandono y su hundimiento por ignorancia. Este espacio reformado a lo largo de los siglos, conservaba la atmosfera de esa parte de la historia que está en nuestro pasado, el mundo musulmán. El púlpito era la ultima reliquia de esa época. Es posible y necesario recuperar esta Sala, ahora reconstruyéndola.

En este conjunto ruinoso, la parte de los lagares o en aragonés trujales o trujares es un rincón tan curioso como exótico. Recorrer el pasillo que quiebra en ángulo entre los trujales es prestarse a la experiencia de lo distinto, de lo no habitual. Es ponerse en trance de percibir que ese espacio y el entorno que lo configura está construido con el mismo esmero y la misma nobleza que una iglesia románica o un palacio medieval, cuando su razón de ser era algo tan peculiar como es manufacturar la uva y elaborar el vino. La peculiaridad de este rincón no queda al margen de cierta grandeza. Tiene el toque señorial que da el aparejo de sillar y las formas y volúmenes variados y bien construidos. Unos y otros han configurado un recinto donde combinan los muros planos y los curvos, donde las angulaciones y los retranqueos están allí porque lo pedía la función a la que iban destinadas las construcciones. Allí están también los arcos como estructura tantas veces repetida, no por falta de imaginación y recursos, sino porque fueron asumidos como soluciones necesarias. Por su geometría crean armonía y, por consiguiente, rozan si no la belleza, al menos la nobleza que trasmite placidez. Arcos como contrafuertes, como cortinas de separación y sustentación de estructuras, como cobijo y enmarque de los lacos. No es probable que los alarifes se propusieran en este caso construir espacios bellos pero estos son el resultado del manejo y combinación de formas que siempre fueron consideradas armoniosas y bellas por los maestros de otros tiempos, que las manejaban con maestría porque las tenían asumidas por experiencia.

Ver desde lo alto los grandes agujeros de los lagares, repetidos aparentemente por capricho y yuxtapuestos donde el maestro consideró conveniente, configuran un conjunto insólito, sugerente y armonioso. Los trujales de la Prepositura son una construcción distinta, completamente distinta, por no ser religiosa sino de utilidad y por haberse trabajado con el esmero como se trabajaba un edificio noble. La ciudad cuenta con algo diferente, poco común, que por no se sabe exactamente qué, ha llegado a nosotros. La deducción turbadora lleva a la conclusión de que es porque afortunadamente nadie les prestó atención después de varios siglos de abandono, nadie reparó en que eran una cantera de piedra escuadrada útil para otras construcciones, como fueron victimas los históricos, antiquísimos y también únicos recintos amurallados de la ciudad.

Fuimos conscientes, desde el momento que los vimos, del carácter insólito de este lugar, extenso rincón, único, pues el número de lagares y su articulación no existe en otro sitio. Esta vez un contradictorio alivio nos llenó de satisfacción porque era la indeseable incuria y el estar ocultos lo que los había salvado. No es un sitio arqueológico antiquísimo pero es algo distinto. Y porque han llegado a nosotros, quisimos preservarlo de su eliminación. Más, el deseo fue verlo recuperado en su abandono y hacerlo útil para entender nuestra historia, percibir el sentido de las formas, aprender maneras de construir diferentes que crean parajes atractivos, pero no pudimos hacer más de lo que hicimos, deseando eso sí, entonces y ahora, que haya conciencia de la singularidad de ese lugar oculto en la ciudad.

Afortunadamente un alcalde y un equipo de gestión comunal, junto con unos monitores y unos alumnos deseosos de aprender, prolongaron, hace veinte años, la vida de este rincón desconocido en Huesca.

Queda mucho por descubrir en torno a los claustros conocidos como románicos y seguro que en su entorno que es el de la Canónica o comunidad de canónigos medievales aparecerán otros retazos de la Historia.

El antiguo huerto, hortal o campa, espacio con el que afortunadamente nunca se había especulado para permitir construcciones de habitación común, se prestaba a una zona ajardinada con esquema próximo al de diseño barroco, si tras los ábsides de la Catedral se daba preferencia al jardín renacentista. El panorama hubiera sido completo, pues la propia Escuela Taller, en su módulo de jardinería, había propuesto recuperar un jardín medieval allí donde la información recogida permitía deducir que había habido una parcela para cultivar plantas medicinales. Esta queda ya dentro del espacio del Palacio Episcopal Viejo, de increíbles posibilidades como consecuencia de lo conservado. En él una sala de enormes arcos apuntados como si se tratara de la nave de una iglesia junto a otras estancias contribuyen a hacer del Entorno de la Catedral un conjunto único entre todas las catedrales españolas.

Treinta años llevamos pidiendo un plan de conjunto para la Catedral y su Entorno. Si la desidia lo ha conservado, la insensibilidad e ignorancia ha contribuido a acelerar la destrucción que aquella no consiguió. Dadas las posibilidades el reto es superar, mediante puesta en valor y apariencia, el entorno que puede ofrecer cualquier otra catedral española. Mientras tanto por falta de una apreciación de este valor, en definitiva por falta de un Plan de Conjunto, los archivos de la Catedral se hicieron donde no procedía y obligó a rectificar la inoportunidad, después, el Salón Tanto Monta, por la misma falta del sentido de articulación de las partes, se destinó a un fin casi ajeno a la entidad del Museo del que forma parte. Antes hubo que impedir la construcción de una escalera de cemento en rincón de riqueza arqueológica. La formación del Museo Diocesano en la Claustra fue un intento reconocidamente conseguido de poner en valor parte del Entorno

Urge que la administración, la que sea, o todas, asuman que el Entorno de la Catedral de Huesca es una oportunidad para consolidar una ciudad con identidad fuerte y propia. Es imprescindible racionalizar los recursos dedicados al Patrimonio Cultural y es imprescindible encomendar a personal con sensibilidad los trabajos delicados. Hay encomiendas que no pueden hacerse por imperativo de las circunstancias, preferentemente políticas. Intervenir en este Entorno de la Catedral de Huesca es ineludible, pero está lejos de quedar capacitado cualquier arquitecto que es quien tiene que firmar tan complejo proyecto. Debe ser requisito ineludible para este tipo de profesional, conocimientos de historia y de historia de la arquitectura, y de intervención en el Patrimonio. Está incuestionablemente desaconsejado el profesional que busque hacer una arquitectura que compita con lo que tiene que tratar hasta anularla, dando la nota pretenciosamente original con su intervención. Es trabajo para un equipo. Es totalmente inaceptable volver a repetir la frivolidad cometida con la elección que se hizo para el salón Tanto Monta. La constatación de lo hecho hasta ahora en este Entorno en aisladas intervenciones está lejos de ser paradigmática.

No se puede seguir perdiendo esta riqueza patrimonial. De ello éramos conscientes, con el liderazgo e interés del obispo Oses, a finales de los noventa y afortunadamente lo fue de forma particular el Ayuntamiento de la ciudad. Creó una escuela taller, la Joaquín Costa III y IV, que emprendió la limpieza y apeo de las estructuras existentes en la Canónica y su claustro, consolidando algunas de ellas. Los trujales de la Prepositura fueron protegidos con cubiertas provisionales. Pero, coincidiendo con la desaparición del obispo Oses y los cambios en la gestión del Patrimonio de la diócesis, no hubo continuación por desmotivación y falta de liderazgo diocesano para seguir interesando en un proyecto que con el recurso de los talleres se habría beneficiado la ciudad. En el momento actual, el deterioro está acentuado y la ciudad tiene el riesgo de difuminar su historia y perder un reclamo. Por ahora, todo lo que podemos hacer es dejar constancia de lo que vimos, tuvimos y no supimos salvar. Los que vengan, más que nosotros, tendrán que vivir de los recuerdos, lamentar las pérdidas y consolarse con reconstrucciones.


La publicación está disponible en pórtico@porticolibrerias.es y en librerías de la ciudad. (librería@masdelibros.com) .


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